10.30.2009

reencuentros

la casa de mayra era fría, desde que entrabas se te pegaba el olor a madera y a pintura. mayra salía de la cocina con un peinado alborotado, su camisa remangada y su perfume azucarado, nos veía con una gran sonrisa y con el ceño fruncido.
mayra nos regaló dos cuadros uno para rodrigo y otro para mi. siempre he pensado que nos los dio en el mismísimo día de nuestro nacimiento. siempre que veía el mío intentaba descrifrar alguna marca de nacimiento o un designio funesto del destino. antier, mientras veía el techo de mi cuarto las sombras de un auto me dieron exáctamente la misma sensación.
todavía tengo ganas de sumergirme en su sillón.

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